SI TE VIERAS CON MIS OJOS – Escribió Javier Arzuaga un día como hoy

No estoy seguro de si es mía o es de otro la frase. Es bonita. Debe ser el título de un libro, posiblemente novela, que he visto en algún catálogo. A mí no se me ocurren cosas así de bonitas. No sé cuál pueda ser el contenido del libro -me estoy convenciendo de que es novela- , pero desde el título a mí me dice mucho. Me habla de cómo me veo a mí y cómo veo a los demás. También me dice que no me gustaría que me vieran como me veo yo piel adentro y más abajo y más. Muchas veces he dicho que menos mal que somos de cristal. Y también me hace pensar si los demás serán como les veo yo y me pregunto si no sería lo mejor que nos permitiéramos ser como somos y que nos permitiéramos mejorarnos ayudándonos unos a otros. Tuve en mi juventud un profesor que solía hablarnos de “cada uno con sus cadaunadas”.Nuestro tejido interior está hecho de luces y sombras. Nadie es todo luz y nadie es todo sombra. Si partimos de este principio, lo aceptamos y lo aplicamos en el andar y hacer de cada día, estaremos desarrollando una gran capacidad de tolerancia y otra no menor disposición de ayuda cruzada, yo por ti y tú por mí. Más. Un día se presentará en nuestras vidas la necesidad de perdonar y ser perdonados. Recordaremos entonces aquello de Jesús en el evangelio: “quien tenga limpias sus manos arroje sobre ella la primera piedra”. Tolerancia y perdón son dos de las palabras más bellas entre las diez elegidas como muestra de palabras bellas. Bellas sobre todo por el efecto que producen en el perdonado y en el que perdona. Necesitamos para vivir una buena dosis de paz interior. Sin ella, por mucha música y adiciones placenteras que nos regalemos, siempre habrá un rincón oscuro y sucio en el alma como una espina puntiaguda clavada en ella. Al perdonar, crecemos. No hay psicólogo que no esté de acurdo con lo que acabo de decir. Le preguntaron un día a Jesús: ¿Y cuántas veces debemos perdonar, siete? Setenta veces siete, les contestó él. Podía haberles contestado: perdonen como quisieran ser perdonados, siempre. “Si te vieras con mis ojos” debe ser una novela que desvela esos roces y arañazos que nos producimos por incomprensión e intolerancia y que conducen unas veces a la puerta de un juzgado en solicitud de divorcio y otras al calvario de una vida sin amor. Hay un adagio que no sé si es indio o chino y que dice más o menos: “Antes de juzgar a otro, ponte en sus zapatos y camina cuatro lunas”


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