“HEMEN HIL ZUTEN AMA” (AQUÍ MATARON A MI MADRE) – Escribió Javier Arzuaga un día como hoy

Las lenguas de trapo de los niños de su entorno infantil decían Yoyes a María Dolores González Katarain y Yoyes quedó para siempre y para todos. Mientras vivió, cuando murió trágicamente un día como hoy, 10 de septiembre, hace treinta años, y a lo largo de no sé cuántas generaciones será de vascos atentos a su historia, en lo que cicatrizan sus heridas. En este momento tengo presentes en mi memoria a Akaitz, su hijo, y a sus hermanas y hermanos, envueltos todos en velos de afecto y oración. De lo que cuentan familiares y amigos y de lo que ella misma estampó en su Diario -“Yoyes – Desde su ventana”- se desprende que desde muy niña era inquieta, “poco conformista y muy preguntona”, comunicativa, observadora de cuanto acontecía en la vida pública del pueblo vasco a través del prisma de su amado Goiherri, comprometida y envuelta en la vorágine, fiel a su consigna “Amar es combatir”. No es mi intención entrar a mirar, ver y contar lo que se movió en la mente, el corazón y la vida de Yoyes a partir del momento en que se distancia físicamente de Ordizia y de su familia para vivir en Donosti, San Sebastián, en un piso con compañeras estudios, curiosas y con ganas de volar y más especialmente a partir de su compromiso político a sus 17 años. Combatió, sufrió, amó. Se impuso a sí misma y cambió, aceptando que la marginaran, que los viejos camaradas la juzgaran y condenaran. (“Es el mío un cansancio infinito / es la mía una soledad infinita”). Se fue lejos, estudió, concibió y dio a luz un niño, Akaitz, vasco- mejicanito él. Regresó, deseosa de vivir en paz cerca de su familia y de su pueblo. Su Diario es un monólogo machacón de sus inquietudes, de sus cuestionamientos sin respuesta. Hasta su última página.. El último día en que escribe en él, cinco días antes de que la asesinaran, se sentía corporalmente mal, emocionalmente indispuesta. Escribe: “Pisar esta tierra, pisar la tierra en que nací … lo he soñado tanto durante años … El volcán ha erupcionado, pero no echa nada bello. Hierve sin lograr asentarse … Quiero pensar que todo esto me llevará a un puerto tranquilo, más maduro, siempre que no me dé prisa, que no corra mucho, porque en mi juventud quizás corrí demasiado”. No volvió a escribir. ¿Premonición? R. I. P., descanse en paz. Rectificar es de sabios. Aprender debería ser de todos. Juzgar, Perdonar, Amar, Salvar -con mayúsculas- es de Dios, sólo de Dios.

Javier Arzuaga – septiembre 10, 2016


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1 Comentario en “HEMEN HIL ZUTEN AMA” (AQUÍ MATARON A MI MADRE) – Escribió Javier Arzuaga un día como hoy

  1. Yoyes se merece las bellas y acertadas palabras de esta reflexión de Javier. Por su memoria, todo nuestro respeto y cariño.

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