“RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS …”– Escribió Javier Arzuaga un día como hoy

Esta mañana me he enfadado con el reloj de mi mesilla de noche. Sucede que me he despertado cuando estaba oscuro todavía, he mirado al reloj y eran las 5:04. Qué bien, me quedan todavía tres horas, y me he dado media vuelta. Al despertarme diez minutos más tarde y el reloj marcaba las 7:52. Qué c. es esto, si hace unos minutos eran las cinco. En lugar de alegrarme por lo bien que había dormido, me he enfurruñado con el reloj. Nos sucede con frecuencia, que los inocentes paguen los platos rotos. Soltaba el chorro de agua sobre mi cara cuando se me ha plantado en la memoria la canción aquella que dice “Reloj no marques las horas …” . A la melodía musical le ha acompañado el recuerdo de la noche en La Habana en que fui con un grupo de muchachos de la Acción Católica a cenar en el “Toki ona”, del pelotari de Anoeta, retirado por enfermo, Martín Odriozola. (¡Saludos!, Martín). Por no perder la costumbre, uno de los jóvenes cargaba con mi acordeón. En una mesa, al fondo del restaurante, compartían risas, Marta Pérez, mezzosoprano cubana, de extraordinaria voz, y Lucho Gatika, el cantante chileno, de moda por aquellos días, con una media docena de personas. Cuando salían Lucho y compañía, al pasar junto a nuestra mesa, uno de lo jóvenes se levantó a saludarles y entablamos un cruce de Qué tal están, etc. Hay que ser atrevido, a uno de los jóvenes se le ocurre pedir a Lucho que cantara lo del “reloj” y a mí que lo acompañara al acordeón. Pero cómo te atreves … Ya era tarde, el acordeón estaba ante mis narices y Lucho se disponía a cantar. ¿En qué tono? En re mayor. El, estupendo, a mí no me quedó tan mal. Luego le tocó el turno a Marta. Cantó, y ¡qué bien!, de Ernesto Lecuona, “Siboney”. Mientras me duchaba, corrían con el agua las notas del “Reloj no marques las horas … “ y del “Siboney, yo te quiero, yo me muero … “ Hice las paces con el reloj de mi mesilla de noche, pero, en cambio o a cambio, como si fuera el péndulo de un antiguo reloj de pared, se me puso a hacer tic-tac-tic tac la pregunta: ¿Qué es el tiempo? Y esta otra: ¿Existe realmente el tiempo? Dicen que el reloj es una máquina de medir el tiempo y en la definición de tiempo se habla de duración de algo que acontece entre lo que ya pasó y lo que le sigue. Pero el “antes” se extingue, no existe, en cuanto pasa y el “después” tampoco existe mientras no se haga presente. Luego el tiempo es el instante en que sucede algo. Y en la sucesión del tiempo el instante es algo tan imperceptible que en la práctica es como si no existiera. La respuesta al intríngulis es la vida, el tiempo entre el nacimiento y la muerte, Mientras vivo, existen -¡claro que existen!- el pasado + el presente + lo que proyecte para el futuro, si es que éste se va a dar. El tiempo a vivir más importante es el “ahora”, qué estoy haciendo o pensando o deseando y lamentando en este instante. Le sigue el “después”, qué pienso hacer luego o de aquí en adelante. (El “aquí” es propiamente adverbio de lugar, pero lo usamos también, precedido del “de” y seguido del “en adelante”, como adverbio de tiempo). Resulta más fácil hablar de tiempo que vivirlo. El tiempo, en última instancia, es el tiovivo, el carrusel en el vivimos montados y que nos da vueltas y vueltas … O la aguja del reloj que también vive dando vueltas y vueltas y … ¡Vivir!, eso es lo que importa. Vivir lo más intensamente posible.

Javier Arzuaga – septiembre 14, 2016


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3 Comentarios en “RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS …”– Escribió Javier Arzuaga un día como hoy

  1. Disfruto mucho con estas lecturas. Un abrazo, Àngel!

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  2. Es un placer; sí ya lo es la canción escucharos debería ser de vicio y sí le añades esas reflexiones profundas e interesantes me conquistas del todo. Gracias.

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  3. Estamos tan inmersos en dar proyectar el futuro, sin poder desquitarnos del pasado, que no nos damos cuenta del presente que, en breve, se convierte en futuro. Una gran reflexión la que nos desgana Javier Arzuaga y cuya consciencia nos liberaría de los incontables perjuicios que nos acechan.

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